lunes, 27 de septiembre de 2010

Los Cazafantasmas (1986)

La productora responsable de traer “Los Cazafantasmas” a nuestros televisores fue la misma que nos bendijo con “He-Man” y con el western futurista de “BraveStarr”: la siempre criticada Filmation, cuyos trabajos solían definirse por una animación de bajo coste y la inclusión de una lección moral al final de cada capítulo.
En este caso, Filmation aprovechó el tirón de “Los Cazafantasmas” de Columbia para desarrollar su propia serie de dibujos animados, tomando, a su vez, como base una comedia televisiva de acción real y corta vida producida por la propia Filmation en 1975 y que estaba protagonizada por dos cazafantasmas incompetentes y un tipo disfrazado de gorila. Sólidos cimientos para una serie de éxito.

El primer episodio: ‘Los hijos de los Cazafantasmas’

Para leer este artículo primero he de crear la atmósfera apropiada. Y creo que no hay mejor manera de hacerlo que con el opening de la serie:
video


 ¿Listos? Bien, la primera escena del episodio nos presenta al malo de turno tocando un órgano flotante para salir de la prisión dimensional en la que se encuentra encerrado. Se trata del infame Premier Malvado, y, después de haber visto un par de episodios de la serie, no me cabe duda de que está a la altura de todos los Skeletor y comandantes Cobra del mundo. Comprobémoslo:


  • ¿Aspecto diabólico y amenazador? Por supuesto. No se puede fallar con un fantasma-robot vestido con una túnica roja.
  • ¿Deseo irrefrenable de conquistar el mundo? Solo si hay planes descabellados de por medio.
  • ¿Risa diabólica? Y sintetizada incluso.
  • ¿Lacayos torpes y estúpidos? ¿Acaso hay otros?
Y a todo lo anterior hay que añadir que, cuando se enfada, Premier Malvado se pone de color rojo y echa humo por la boca. Creo que lo único que se le puede pedir es que se libere cuanto antes de su prisión para deleitarnos con su vis cómica; cosa que consigue tras tocar el “acorde perdido”. Dios bendiga a los fantasmas de recursos.


Mientras tanto, en la Tierra, en una mina embrujada, dos de los Cazafantasmas de la serie de los setenta (los que no iban disfrazados de gorila) enseñan los secretos del oficio a sus hijos. Los chicos, sin embargo, no parecen entusiasmados con la idea de continuar el legado familiar. Y, la verdad, no me extraña. Tienen pinta de rondar los treinta y deberían estar buscando un trabajo serio en lugar de jugar a Scooby-Doo con sus padres.
Permitanme que se los presente: el que se parece al panadero de Barrio Sésamo es Jake, un héroe sosainas que bizquea y al que le pica la nariz cuando hay fantasmas cerca, y el gordito se llama Eddie, paradigma de personaje asustadizo y borrico. Al tercer miembro del grupo lo conoceremos más tarde, pero ya os adelanto que se trata de un gorila con sombrero.


El primer fantasma al que se enfrentan nuestros héroes es Miedosín, un robot-esqueleto de voz afeminada cuya única habilidad conocida es desmontarse a la primera de cambio. Yo no lo utilizaría ni como perchero, pero ya podran imaginarse que Premier Malvado estará deseando incorporarlo a su hueste diabólica.
Tras demostrar una absoluta falta de puntería con el desmaterializador, los inexpertos cazadores tratan de capturar a Miedosín con la goma-fantasma, una especie de chicle rosa con el que solo consiguen atraparse a sí mismos y estropear sus extravagantes ropas de fiebre del sábado noche.
Los padres acuden en ayuda de sus muchachos, y Miedosín acaba siendo desmaterializado. Apenas un instante más tarde, Premier Malvado aparece de la nada a bordo de su órgano espacial, presentándose como “el líder de los fantasmas y espíritus diabólicos” y luchando por pronunciar la palabra “cazafantasmas” sin hacer una pausa detrás de cada sílaba.


Al ver que el desmaterializador no sirve de nada contra este nuevo enemigo, padres e hijos ponen pies en polvorosa. Por suerte para ellos, su perseguidor peca de incauto (en realidad, es que es imbécil) y se deja atrapar fácilmente en una cámara acorazada. Allí Premier Malvado pasa la friolera de cien años con una mascota-fantasma por única compañía. Algunos recordaran a Vampirrata, mitad rata azul, mitad babosa verde y, como Orko en “Los Amos del Universo”, el alivio cómico de una serie que no lo necesitaba. Por cierto, menos mal que Premier Malvado llevaba una tiza para contar sus años de encierro. Se nota que piensa en todo.
En este mundo del futuro, Vampirín, una copia alada del Piglet de “Winnie the Pooh”, entra en la mina buscando un compañero de juegos y es engañado por Premier Malvado para que lo libere de la cámara acorazada. Por fin ha llegado la hora de la venganza. ¡Bwahahahahaha!


De vuelta a los felices ochenta, los Cazafantasmas veteranos enseñan a sus retoños las oficinas donde trabajarán a partir de ahora: el denominado Comando Cazafantasma, un patio de recreo para cualquier niño al que le gusten las cosas extrañas y la decoración de la Noche de Brujas.
Aquí los chicos se familiarizan con el Calaverófono, una calavera-teléfono que siempre responde a las llamadas diciendo “Han tenido muchísima suerte, los Cazafantasmas no se encuentran en casa”; y con el Esquelevisión, un esqueleto-televisor que solo retransmite imágenes que permitan que avance la trama. También conocen al inventor de todos los aparatos cazafantasmas, Tracy, un gorila disfrazado de explorador que incluso tiene su propia cámara de fotos.


Mientras tanto, en el recién inaugurado cuartel general de los malos, Premier Malvado se pregunta dónde están los fantasmas que ha “contratado”. Ya veis, se puede ser un asno perverso y al mismo tiempo estar al corriente de los pagos a la Seguridad Social.
Los sicarios forman filas y Premier Malvado pasa lista para que luego los niños puedan pedir los muñecos por su nombre en Navidades y cumpleaños.


El primero en presentarse es Loberto, que se introduce a sí mismo como “el hombre-lobo del futuro”, lo cual, dicho sea con los máximos respetos hacia el que fue uno de los muñecos favoritos de mi infancia, es completamente absurdo, porque para lo que nosotros es el futuro, para él, obviamente, es el presente. También su nombre es ingenioso. A mí jamás se me hubiera ocurrido sustituir la “r” por la “l”. Ah, la imaginación…
Seguidamente se presentan Misteria, la dama de lo malévolo que llama a todo el mundo “cariño”; Bola de Cebo, el pirata de las siete galaxias, aunque nunca dice cuáles; Trancelot, un “caballero muy malo al que todos temen” (yo solo repito sus palabras, juzguenlo ustedes mismos); Aparicia, la suprema hechicera, “oh”, de los espíritus, “oh”; Cazador, el, em, cazador que, em, caza… supongo; Floatzart, el maestro musical del terror (Jesús…); y Miedosín, al que ya conocimos en la mina.
Al mando de semejante panda de tarados, a lo más que aspiraría uno es a hacer una excursión en autobús, pero Premier Malvado está convencido de que con ellos puede gobernar la Tierra. Eso sí, antes tiene que resolver un asunto pendiente: dar un escarmiento a los Cazafantasmas. ¿Cómo? Bueno, puede retroceder en el tiempo con su órgano mágico, así que sus opciones de venganza son prácticamente ilimitadas. De momento, no obstante, escoge la más estúpida de todas: secuestrar a los Cazafantasmas senior en su propio presente. El mundo de hoy necesita más villanos como este.


Una vez más en los años ochenta, y tras concertar una entrevista televisiva con la periodista Jessica Wray (otra habitual de la serie), los Cazafantamas jr se enteran por la Esquelevisión de que Premier Malvado está poniendo en peligro el futuro, y, al ver que sus padres no están en la casa, deducen que esto también es obra del líder de los fantasmas. No es que sus viejos fueran a huir a Europa abandonándoles con una casa encantada, un gorila piojoso y un montón de deudas, ¿verdad?


Antes de partir al rescate de sus padres y salvar el futuro, Eddie descubre por accidente el, tachán-tachán, ¡Cuarto Secreto de Transformación! ¿Y qué es esto?, se preguntará más de uno. Pues sencillamente una de las ideas más extraordinarias que se ha visto en una serie de televisión. Al grito de “¡Al ataque, Cazafantasmas!”, Jake y Eddie suben a un ascensor óseo y son transportados a una dimensión de grotescas cabezas flotantes que parece un cuadro de Dalí mezclado con la ilustración de un álbum de Iron Maiden. ¿Y para qué entran ahí? Para ponerse el uniforme de cazafantasmas. Minuto y medio de secuencia. En cada episodio. Solo para vestirse. Filmation conocía bien su negocio. Hagan click aquí para ver el vídeo.


En el garaje, el trío de cazafantasmas conoce a Cazacarcacha, el automóvil parlante más fantástico de la televisión, con permiso de KITT, y el único capaz de convertirse en una nave voladora que viaja en el tiempo. Porque Filmation no busca excusas argumentales, las crea.


Y aquí, amigos míos, termina el episodio de hoy, y con él, nuestro artículo.

1 comentario:

  1. Mis respetos para esta arqueología de los dibujos animados

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